Cada vez siento que estamos acercándonos más al modo de vida de la época medieval. Primero, con una crisis que está provocando un nuevo "éxodo urbano". La gente se aburre de la ciudad y sus extravagancias (especialmente de sus "extravagantes precios") y decide irse al campo. Una vida más simple y sencilla, sin ordenadores que cada dos por tres tienen que formatearse, sin móviles que hay que renovar continuamente porque fallan ( y lo cual no ocurre por casualidad, más bien por el empeño de las nuevas multinacionales en lucrarse de ello) es lo que se busca.
Y segundo, porque fruto de esa tendencia hacia el medievalismo, ha surgido una nueva institución (tal cual ave de fénix) de las cenizas de su antecesora, la cual dejó de existir en época de Isabel II (1834). Me refiero al Tribunal de la Inquisición. Sí, lo digo en serio. Ha resurgido con algunas variaciones. Si antes era hereje cualquier supersticioso al que le gustara jugar con pocimitas al estilo "harrypotteriano", ahora cualquiera que busque enterrar a sus muertos adecuadamente, también lo será. Con la diferencia de que este tribunal inquisitorial o club privado (llamémoslo mejor así) puede castigar a sus propios colegas del gremio. Y de ello tenemos un ejemplo muy polémico, el de Baltasar Garzón, acusado de prevaricación. Todo ello relacionado, principalmente, con el caso Gürtel (que todo lo que toca convierte en podrido) y con los crímenes del franquismo.
Alguien que ha luchado por la defensa de los Derechos Humanos (lo pongo en mayúscula como aviso a lo que le espera: R.I.P.) y cuya fama supera nuestras fronteras (promovió el arresto del ex-dictador Pinochet, ha luchado contra el genocidio español en algunos países como Argentina y ha condenado públicamente a figuras como Silvio Berlusconi o Osama Bin Laden), ¿cómo es posible que se siente ahora en el banquillo de los acusados? ¿acaso vivimos en el mundo al revés que proponía Goytisolo?.
Pues como parece que ese mundo al revés que se está gestando ante nuestros ojos es real, que nadie se pellizque si ve pasear a Isabel la Católica por la calle, pues estará de festejo por la toma de Granada.
PD.: el cuadro es de Eduardo Rosales y está en el Museo del Padro y se titula "Isabel la Católica dictando su testamento". Por lo que parece, hemos heredado uno de esos puntos del testamento.
